Astronomía árabe
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El mundo árabe reavivará la llama del saber, casi exhausta durante siglos. Durante la época semibárbara que atravesó Europa, la vida intelectual floreció en los países del islam. Las actividades astronómicas interesaban tanto a matemáticos como a viajeros, a los hombres de religión como al pueblo sencillo. Los observatorios públicos y privados aparecen por todas partes. La astrología no era considerada anticientífica, y los soberanos usaban de astrólogos personales que fijaban los momentos adecuados para la fundación de las ciudades y el ataque de sus ejércitos.
Por su relación con la religión y el derecho islámico, especialmente con los rezos cotidianos y las referencias del Corán en muchos de sus versículos al Sol, la Luna y las estrellas, desde el principio los musulmanes se preocuparon de la astronomía. Se hicieron investigaciones que superaron a las de los griegos clásicos.
Basadas en las observaciones babilónicas, se compusieron las llamadas tablas astronómicas, en las que se relacionaban todas las posiciones y movimientos de los cuerpos celestes. Estas observaciones, fueron la base, usando también fuentes iraníes, hindúes y griegas, del nuevo cálculo de los movimientos celestes que condujo gradualmente a una astronomía matemática muy evolucionada como la que practicaron Albiruni y la escuela de Maraga en Persia con Nasir Aldinturí. Allí y después con Lurunbeg se hicieron nuevos cálculos que llevaron a la primera y más importante crítica de la astronomía de Ptolomeo en la Edad Media y al hallazgo de nuevos modelos de movimientos para Mercurio y la Luna.
En España surgieron también nuevas críticas a la astronomía ptolemaica proponiéndose modelos nuevos matemática y astronómicamente tan importantes como los de la escuela de Maraga que serían seguidos durante dos o tres siglos por los astrónomos islámicos de Siria y Samarkanda en Asia Central.
Los primeros califas de Bagdag pusieron al frente de su Casa de la Sabiduría a un astrónomo: Yaya Belmansum, que concentra a su alrededor a los más destacados científicos de la época, poniendo a su disposición una excelente biblioteca y medios materiales abundantes. Así tenemos a:
- Alfazarí, constructor de astrolabios.
- Alfarganí, conocido en occidente como Alfargano, cuyo tratado de astronomía fue traducido al latín y utilizado en Europa hasta el s. XVI.
- Al Charizmi, mejor conocido por su tratado de álgebra.
- Abumassar, astrólogo y experto en cometas.
- Tabit Bencurra, el mayor de los geómetras árabes, fue un excelente traductor y comentador de los griegos. Estudió el reloj de sol, determinó la altitud del Sol y la duración del año solar.
- Albiruli, reformador del calendario y diseñador de engranajes de precisión. Se dedicó también a la proyección cartográfica y en su enciclopedia astronómica formuló la posibilidad lógica del movimiento de la Tierra alrededor del Sol.
- Albatani es quizá el más respetado por los estudiosos europeos. Sus descubrimientos son amplísimos y sus estudios de las anomalías lunares y los eclipses tienen una extraordinaria precisión. Estableció las primeras nociones trigonométricas y concibe la fórmula fundamental de la trigonometría esférica.
En los siglos siguientes, el predominio cultural árabe florece en la más occidental de sus zonas de conquista: España.
Alzarcalí, conocido por los latinos como Azarquiel, era toledano y allí sirvió y trabajó poco antes de que la secular capital de tantos gobiernos cayera en manos del rey cristiano Alfonso VI de Castilla y León. Su pérdida supuso el despertar para los confiados príncipes musulmanes.
Sin embargo para el occidente europeo la toma de Toledo fue el inicio del desertar cultural. Junto a la Sicilia normando-árabe, Toledo fue la más importante puerta de entrada de la cultura árabe en Europa. Pasó a la custodia cristiana tras su afortunada conquista por Alfonso VI con todos sus focos culturales intactos: eruditos, artistas y bibliotecas. Era también Toledo emporio de la erudición judía. Sin los hebreos, que se sentían en casa con ambos mundos: islámico y cristianos, Toledo no hubiera podido desempeñar su papel de mediador cultural. Ellos traducirían del árabe al romance y luego el estudioso cristiano vertía su traducción al latín.
Pronto las posibilidades de Toledo atraen a eruditos de todos los países cristiano-romanos en busca de desconocidos tesoros de sabiduría.
- Gerardo de Cremona, que llegó en busca del Almagesto de Ptolomeo y tradujo hasta 70 obras científicas.
- Roberto de Chester, introductor de la matemática de Al Charizmi.
- Miguel Escoto y German el Dálmata, incubadores del racionalismo europeo comentando a Averroes y Alpetragio.
Todo este gran movimiento de traducciones fue promovido y protegido por el rey Alfonso X el Sabio, que persigue la meta de hacer de su corte un centro de las ciencias las artes similar al de los príncipes árabes. Presta fundamental atención a las ciencias cosmológicas, pero también se ocupa del ajedrez, la historia, la religión y manda que se traduzca al castellano, no al latín, buscando cultivar al pueblo llano.
En el campo concreto de la astronomía, sus tablas alfonsinas perviven en Europa hasta el s. XVII.
Se ha dicho que la ciencia árabe fue mera imitación de la del Imperio Bizantino o del mundo clásico. Se ha dicho también que la ciencia árabe-española fue imitación de la ciencia árabe-oriental. Hoy se puede demostrar que no es cierto en absoluto. España en la época del dominio musulmán tuvo grandes matemáticos, grandes astrónomos y grandes químicos.
Las aportaciones astronómicas árabes llegan con claridad hasta fines del s. XV. Fueron cinco siglos en los que el islam creó y transmitió ciencia a los deprimidos estados europeos medievales. Sus astrolabios, cuadrantes, dióptricos y brújulas están en los estantes de nuestros museos. Pero lo que es aún más importante, es que los principales astrónomos y matemáticos que inaguran la nueva época de las ciencias: Copérnico, Tycho Brahe, Kepler, Galileo y Newton bebieron en las fuentes de Alfarganí, Alzarcalí, y Albatani.



