Atahualpa
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Atahualpa (quechua:Ataw Wallpa) (Cusco, 1502 - Cajamarca, 26 de julio de 1533) Emperador inca (1532-1533).
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Atahualpa ¿fue Sapa Inca?
A pesar de una repetida leyenda que hace a Atahualpa hijo de Huaina Cápac con una princesa quiteña y nacido en Quito, los cronistas españoles más destacados como Cieza de León y Juan Diez de Betanzos coinciden en señalar que Atahualpa era hijo del Inca Huaina Cápac con una coya cusqueña y, además, era nacido en el Cuzco. Así Juan Diez de Betanzos, en su obra "Suma y Narración de los Incas" (escrita hacia 1551) dice: "volvióse al Cuzco [Huayna Cápac]de la cual vuelta halló nacido a Atagualpa su hijo del cual nacimiento se holgó mucho [...] Atagualpa era hijo de una señora deste Cuzco llamada Pallacoca de la línea de Ynga Yupangue y prima segunda de Guayna Capac y biznieta de Ynga Yupangue". Atahualpa salió del Cuzco, junto con su padre, cuando tenía aproximadamente doce años, con rumbo a Quito, región en la que se quedaría el resto de su vida. Hay que señalar, además, que Huaina Cápac era oriundo de Tumipampa, la actual ciudad ecuatoriana de Cuenca, por lo que siempre se sintió ligado a esas tierras norteñas que formaban parte del Imperio Inca.
Es también parte de esa misma leyenda a la que aludimos arriba el de la pretendida división del Imperio Incaico entre Huáscar y Atahualpa (tal vez intentando encontrar semejanzas con la división del Imperio Romano entre Occidente y Oriente). Lo cierto es que al morir Huaina Cápac, cuando los españoles ya merodeaban las costas de Sudamérica, la sucesión (con no pocas pugnas como era habitual entre los Incas) recayó en su hijo Huáscar.
Atahualpa quedó en Quito, con un importante ejército que había servido a su padre, y aspiraba ser ratificado como gobernador de dicha región. En tal sentido envió mensajeros con presentes al Cusco reconociendo a su hermano paterno como nuevo Inca. Sin embargo, Huáscar, llevado por sus consejeros, rechazó la embajada de Atahualpa y torturó y mató a los enviados, pues le llegó el rumor de que Atahualpa preparaba una rebelión. Como Atahualpa se negó a retornar al Cuzco y presentarse ante Huáscar (lo cual hubiese significado probablemente su muerte), un ejército cusqueño partió a combatirlo. Se dio inicio así a una prolongada guerra civil que desangró al Tawantinsuyu y coincidió en el tiempo con la llegada de los conquistadores españoles al mando de Pizarro. Es así como el triunfo militar de Atahualpa sobre Huáscar se produce muy poco tiempo antes de la captura de aquél por Pizarro en Cajamarca el 16 de noviembre de 1532.
El 15 de noviembre de 1532, los conquistadores españoles, no más de doscientos hombres, llegaron a Cajamarca y Francisco Pizarro, concertó una reunión con el soberano inca a través de dos emisarios. Al día siguiente, Atahualpa entró en la gran plaza de la ciudad, con un séquito de unos tres o cuatro mil hombres prácticamente desarmados, para encontrarse con Pizarro, quien, con antelación, había emplazado de forma estratégica sus piezas de artillería y escondido parte de sus efectivos en las edificaciones que rodeaban el lugar.
No fue Pizarro, sin embargo, sino el fraile Vicente de Valverde el que se adelantó para saludar al inca y le exhortó a aceptar el cristianismo como religión verdadera y a someterse a la autoridad del rey Carlos I de España. Vincente Valverde le alcanzó a Atahualpa una bíblia y le exhortó a "oir" la palabra de Dios, este acercó el libro a su oido tratando de "oir" dicha palabra pero al no tener respuesta arrojó al suelo la Biblia que se le había ofrecido. Pizarro dio entonces la señal de ataque: los soldados emboscados empezaron a disparar y la caballería cargó contra los desconcertados e indefensos indígenas.
Al cabo de media hora de matanza, varios centenares de incas yacían muertos en la plaza y su soberano era retenido como rehén por los españoles.
Aquel fatítico atardecer, la ceguera de Atahualpa subestimó totalmente la tecnología y audacia de los extranjeros. No pasó por su mente el peligro que corría al dejar a unos forasteros avanzar hasta su real en lugar de tenderles una emboscada en un desfiladero. El Inca creyó que podría eliminarlos en cualquier momento y quiso primero satisfacer su curiosidad. No fue así, y su cautiverio fue el principo del fin del imperio del que era soberano.
A los pocos días, Atahualpa, temeroso de que sus captores pretendieran restablecer en el poder a Huáscar, ordenó desde su cautiverio el asesinato de su hermanastro.
Atahualpa no fue Sapa Inca
Sin embargo, hay historiadores que no reconocen el origen cusqueño de Atahualpa; según estos historiadores, el primogénito cusqueño fue Huáscar (así lo menciona el historiador Julio R. Villanueva Sotomayor), cuyo nombre era Inti Cusi Huallpa . Según Inca Garcilaso de la Vega, “después de varios años (Huaina Cápac) alistó un ejército y se dirigió al reino de Quito. En la casa de las escogidas conoció a la hija del vencido rey de Quito y se enamoró de ella. En esa concubina tuvo a su hijo Atahuallpa y a otros”.
Todo parece indicar que Huáscar fue el preferido de Huaina Cápac, pero que no quería dejar en desamparo total a Atahualpa y mando llamar a Huáscar al norte y le pidió a éste que dejase a Atahualpa en Quito. Parece ser que Huáscar no tuvo ninguna objeción al pedido de su padre y retornó al Cuzco con la nueva. En 1513, cuando Vasco Núñez de Balboa descubre la Mar del Sur, tuvo Huaina Cápac noticia de ello. Huaina Cápac muere en 1523, ocho años antes del último viaje de Pizarro para conquistar el Tawantinsuyu.
Los historiadores partidarios de la teoría de que Atahualpa no fue Emperador inca, la basan en el hecho de que no hubo acuerdos de las panacas reales del Cuzco en ese sentido (requisito indispensable para ser Sapa Inca). Por tanto, si ejerció de tal, fue un usurpador. Otro hecho es el que los conquistadores españoles se apresuraron en reconocerlo como soberano inca, por estar en territorio dominado por Atahualpa y granjearse así la buena voluntad del Inca para su captura en Cajamarca.
Cuando ejecutan a Atahualpa, para evitar el levantamiento de los partidarios atahualpistas en su largo camino al Cuzco, capturan y mantienen de rehén al general atahualpista Chalcuchímac, al que mantienen vivo hasta entrar en territorio huascarista. Ya en dicho territorio y para granjearse la buena voluntad de los huascaristas, dan muerte a este general y con ello tienen libre la entrada al Cuzco.
Pero el hecho decisivo por la cual estos historiadores niegan el título de Sapa Inca a Atahualpa es que no hubo acuerdo de las panacas del Hurin y del Hanan Cuzco. Este hecho es juzgado determinante porque así lo mandaban las normas incas al respecto. Van más aún, arguyen que Atahualpa nunca llegó al Cuzco.
El padre de Atahualpa, Huaina Cápac, fue hijo de Túpac Inca Yupanqui, quien al morir dejó seis hijos con Mama Ocllo, en el Cuzco: Huaina Cápac, Amaru Túpac Inca, Quéhuar Túpac, Huallpa Túpac Inca Yupanqui, Titu Inca Rimachi y Auqui Maita. Por tanto, afirman que Huaina Cápac fue cusqueño y no de Tumipampa como lo han hecho aparecer algunos historiadores. Del mismo modo, los incas impuestos por los españoles tampoco fueron Sapa Incas por el mismo motivo: no intervinieron las panacas reales cusqueñas en la designación y porque ya la conquista estaba en marcha.
Rescate de Atahualpa
Para obtener la libertad, el Inca se comprometió a llenar una vez de oro y dos veces de plata y piedras preciosas, y hasta donde alcanzara su mano, la gran estancia donde estaba preso. Esto no sirvió más que para aumentar la codicia de los conquistadores. Los metales preciosos fueron traídos a Cajamarca desde todas partes del imperio.
Deseando obtener mas oro y plata, unos meses más tarde Pizarro decidió acusar a Atahualpa de idolatría, fratricidio y traición; fue condenado a la muerte en la hoguera, pena que el inca vio conmutada por la de garrote, al abrazar la fe católica antes de ser ejecutado (dado que según las creencias incaicas la destrucción total del cuerpo conllevaba a la perdición del alma), el 26 de julio de 1533. La noticia de su muerte dispersó a los ejércitos incas que rodeaban Cajamarca, lo cual facilitó la conquista del imperio y la ocupación sin apenas resistencia del Cuzco por los españoles, en el mes de noviembre de 1533.



