Sello postal

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Un sello postal o estampilla es utilizado para evidenciar el pre-pago de una cuota para la utilización de un servicio postal.

Generalmente es un pequeño rectángulo de papel el cual es pegado a un sobre, indicando que la persona que envía la correspondencia ha pagado por su envío.

El sello postal también puede referirse al sello en sí, excluyendo en algunos casos la estampilla.

Lo que se llama en filatelia el sello postal, surgió antes de la invención de la primera estampilla.

Las estampillas más apreciadas son aquellas que llevan el sello postal correspondiente al primer día de su emisión, aquellas de edición limitada o las retiradas de circulación por fallas de imprenta.

Historia y leyenda del primer sello de correos

En el año 1835 el profesor inglés, Rowland Hill, que viajaba por Escocia se aprestó a descansar en una posada. Mientras se calentaba en la chimenea vio cómo el cartero de la zona entraba en la casa y entregaba una carta a la posadera. Ella tomó la carta en sus manos, la examinó atentamente y la devolvió al cartero alegando: Como somos bastante pobres no podemos pagar el importe de la carta, por lo que le ruego que la devuelva al remitente. Al oír aquello, surgió en el corazón de Hill un impulso de generosidad y movido por ese impulso ofreció al cartero el importe de la misiva, pues no quería que por falta de dinero se quedara la buena mujer sin saber las noticias que le pudieran llegar en dicha carta. El cartero cobró la media corona que costaba, y entregó la carta a la posadera, saliendo a continuación para seguir su recorrido. La posadera recogió la carta y la dejó sobre una mesa sin preocuparse en absoluto de su contenido. Luego se volvió al generoso huésped y le dijo con amabilidad: Señor, le agradezco de veras el detalle que ha tenido de pagar el importe de la carta. Soy pobre, pero no tanto como para no poder pagar el coste de la misma. Si no lo hice, fue porque dentro no hay nada escrito, sólo la dirección. Mi familia vive a mucha distancia y para saber que estamos bien nos escribimos cartas, pero teniendo cuidado de que cada línea de la dirección esté escrita por diferente mano. Si aparece la letra de todos, significa que todos están bien. Una vez examinada la dirección de la carta la devolvemos al cartero diciendo que no podemos pagarla y así tenemos noticias unos de otros sin que nos cueste un penique. Esta anécdota, con diversas variantes, ha sido narrada y escrita en distintos medios, como por ejemplo en el magacín francés Lectures pour tous. También fue escrita en el Grand Dictionnaire Universal du XIX Siecle, de Pierre Larousse, en la edición parisina de 1874. En España la Enciclopedia Espasa también la reproduce, dando una versión en la que aparece la dueña imposibilitada realmente para pagar el importe de la carta por su extrema pobreza. Rowland Hill se la paga y en la carta se le anuncia una herencia de quinientas libras esterlinas, que en aquel entonces era una fortuna, procedente de un hermano del marido que estaba en la India. De esta forma la buena señora pudo recoger esa fortuna, que de otra forma hubiera pasado a las arcas del Estado. Hasta aquí la leyenda, pero ¿cuál es la verdadera historia?

La creación del sello de correos data de mediados del siglo XIX. Antes de esta invención, el pago del porte de una carta corría a cargo no del que la enviaba, sino del que la recibía. Este sistema ofrecía múltiples inconvenientes y tan pronto como el servicio postal tuvo una mediana organización se puso en práctica el franqueo previo de la correspondencia. Para ello se utilizaron varios sistemas en los distintos países, pero ninguno con resultado satisfactorio. El folleto de Hill, titulado Post Office Reform, dio por resultado la designación de un comité de la Cámara de los Comunes (22 de noviembre de 1837) encargado de estudiar los tipos y sistemas del franqueo postal. Este comité informó favorablemente la proposición de Rowland Hill y en 1839 se dictó una providencia autorizando al Tesoro para fijar los tipos de franqueo postal y regular el modo de percibir su importe previo. Los sobres timbrados y los sellos adhesivos los emitiría el Gobierno. Del grabado de los sellos se encargó la casa Perkins, Bacon and Petch, sobre dibujos de Hill. Se decretó que los sellos se pondrían en circulación el día 6 de mayo del año 1840. Así nace el primer sello postal del mundo: el famoso un penique negro de la Reina Victoria. Hill dibujó en él el perfil de la Reina Victoria, la palabra Postage en la parte superior y en la inferior One Penny (un penique). Omitió el nombre del país por entender que la efigie de la reina bastaba para identificarlo. El día 8 de mayo del mismo año se puso a la venta el dos peniques, en color azul. El nuevo sistema postal dio unos resultados asombrosos, tanto que se triplicó el número de cartas en una semana. Sólo el primer día de venta al público se vendieron 60.000 ejemplares de estos sellos. A la vista de todo ello Rowland Hill fue nombrado director de Correos de la Gran Bretaña, dedicando el resto de su vida a realizar ampliaciones y mejoras en los servicios postales.

Están surgiendo unos nuevos sellos (desde finales de los 60 ); los sellos de valor variable o ATMs son aquellos impresos y distribuidos a través de máquinas. Éstas imprimen el valor de franqueo deseado por el usuario en un papel especial y el sello o estampilla resultante puede ser empleada para franqueo como un sello "tradicional”.

Pagina completa de información de ATM http://www.ateeme.net/castella/welcome_e.html

Véase también



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