Gigantismo insular

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Imagen:Giant Haasts eagle attacking New Zealand moa.jpg

El gigantismo insular es la otra cara de la moneda del enanismo insular. Al igual que este último proceso de especiación alopátrica, el gigantismo insular se da en animales que colonizan islas apartadas, pero en este caso las especies afectadas crecen paulatinamente con el tiempo en lugar de encoger. Dado que el tamaño es una característica altamente variable, el crecimiento puede darse con rapidez, obteniéndose resultados sorprendentes en menos de un millón de años. Las causas de este proceso son fundamentalmente las siguientes:

  • Ausencia de competidores: La falta de animales que ofrezcan algún tope al tamaño que una nueva especie puede conseguir por ocupar el nicho ecológico correspondiente puede llevar a adaptaciones realmente extrañas. Así, en Nueva Zelanda pueden encontrarse grillos ápteros gigantes como los del género Weta, de tamaño y hábitos similares a los de los roedores (ausentes originalmente de las islas), mientras que en Madagascar (isla carente de primates superiores) hubo un lemur (Megaladapis) similar al indri que llegó a tener el tamaño de un orangután.
  • Presencia de presas grandes: Aunque es muy raro que un carnívoro de cierto tamaño consiga cruzar un ancho brazo de mar para colonizar una isla (el cocodrilo marino sería una de las pocas excepciones), no lo es tanto que pequeños depredadores lo consigan sobre ramas y troncos a la deriva, en especial los de hábitos insectívoros que pueden alimentarse de los propios insectos de la madera mientras dura la travesía. Una vez en la isla colonizada pueden encontrarse con toda una gama de presas nuevas y una ausencia de depredadores y/o competidores que las cacen: en consecuencia, los carnívoros colonizadores se diversifican con el tiempo ocupando todos los nichos posibles, y muchas de las especies que generan crecen hasta especializarse en la captura de animales de tamaño medio-grande. Este es el caso, entre otros, del dragón de Komodo (Varanus komodensis), el mayor lagarto que existe actualmente, que evolucionó a partir de varanos de tamaño modesto y se especializó en la caza del elefante enano de Flores; el fosa (Cryptoprocta ferox) de Madagascar, un vivérrido con el tamaño y hábitos de un felino; o la gigantesca águila de Haast (Harpagornis moorei) de Nueva Zelanda, que triplicó la envergadura de sus ancestros australianos del género Hieraaetus y se especializó en la caza de las enormes moas.


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