Muiscas
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En lengua Chibcha significa "gente" y fue el nombre dado a las naciones que habitaban el altiplano cundiboyacence en la parte central de Colombia en el tiempo de la llegada de Los Conquistadores. Al tiempo de la llegada de los españoles formaban una confederación regida por el Zipa en Bogotá y el Zaque en Hunza (Hoy Tunja). Se creía que los Zipas eran descendientes de la luna (Chía) y los Zaques del sol (Sué). Vivían del intercambio de maiz, papa, granos. Eran execelentes orfebres, trabajaban el oro, intercambiaban esmeraldas, telas, cerámicas y sal con naciones vecinas y de las riberas del Río Magdalena.
Desde el punto de vista cultural, los Muiscas se asemejaban a los Incas; practicaban la agricultura con ayuda de un extenso sistema de regadío, tejían telas de algodón y eran grandes expertos en la artesanía del oro, realizando finísimas láminas decoradas con motivos de alambre o cintas, y figuras antropomorfas muy estilizadas. Después de los incas, los chibchas constituyeron estados sometidos al férreo control del poder personal autoritario de los caciques y formaban una unidad muy desarrollada culturalmente en el momento del encuentro con los españoles.
Además de utilizar esmeraldas y sal como moneda para el trueque, realizaban el rito en el cual el cacique o máximo sacerdote cubría su cuerpo con polvo de oro y se sumergía en la laguna de Guatavita, a cuyo centro se desplazaba en una balsa. Esta ceremonia dio origen al mito de El Dorado que atrajo a los aventureros españoles que acudieron en busca de lugares donde abundara el oro, pero que no existían en la realidad. La llegada de los conquistadores españoles en 1536 derrumbó sus estructuras políticas y sociales; fueron sometidos en 1541 y en el siglo XVIII su cultura ya estaba prácticamente extinguida.
Estos, habitantes de la zona central de Colombia, específicamente el Altiplano Cundiboyacense fueron la Cultura que más llegó a evolucionar en lo que se refiere en la administración y la estructura político-administrativa del Estado; hasta llegar a la conformación oficial de una Confederación de Cacicazgos, con un sistema uniforme de caminos, lengua, impuestos, religión y leyes.
También existen otros mitos, como el de Bachué, la madre de los Muiscas. Un día, salío de la laguna de Iguaque, salió una mujer esbelta y bella, con un niño en sus brazos. Ella era Bachué, ella se asentó a la orilla de la laguna y esperó hasta que su hijo creciera. Cuando alcanzó la edad suficiente, se casó con él y tuvieron muchos hijos, esos hijos son, los Muiscas. Bachué les enseñó a cazar, cultivar, respetar las leyes y adorar a los dioses. Bachué fue tan buena, que los mismos Muiscas se referían a ella también como Furachoque (Mujer Buena en Chibcha). Cuando ya eran muy viejos, Bachué y su Hijo-Esposo decidieron volver a Iguaque y se convirtieron en serpientes. Esas serpientes se sumergieron en el lago. Ese día los Muiscas estuvieron muy tristes, pero sabían que Bachué, su madre, era feliz.
De los Muiscas nos han llegado muchos mitos, pues como Bogotá se instituyó como capital del Nuevo Reino de Granada, muchos cronistas y oidores viajaron a asentarse allí. Durante estas estancias, ellos escribían cronicas, "Crónicas de Indias", que nos revelaron lo que quedó de la América Prehispánica, y por supuesto, lo que los Reales Censores permitieran publicar. Según los muiscas, habñian muchos dioses, pero los más importantes eran Sué (El Sol), y su templo de Sugamuxi o Suamox (Sogamoso), era el más venerado del mundo Muisca; Chía (La Luna), y su templo en el pueblo que hoy lleva ese mismo nombre, el segundo en orden de importancia. Otros personajes como Bochica, que en sí no eran dioses, eran recordados por todos con respeto y afecto. El mito de Bochica es este: En la sabana, vivían los Muiscas, pero ellos se habían cansado de las inundaciones, que podían ser causadas o por Huitaca, la hermosa y malvada mujer o Chibchacum, el protector de los agricultores. Entonces, del cielo salió un arcoiris, y de el bajó un hombre blanco, con barbas blancas y túnica. Este dijo llamarse Bochica y les enseñó a tejer. Bochica escuchó las quejas de los Muiscas sobre las inundaciones, y con su bastón de oro partió dos piedras al borde del precipicio donde terminaba la Sabana y salió toda el agua, creándose el Salto de Tequendama. Bochica castigó a Huitaca y Chibchacum, la primera convirtiéndola en Lechuza, y obligandola a cargar el cielo. A Chibchacum, lo obligó a cargar la tierra, y cada vez que el se cambia de hombro, la tierra tiembla. La contribución de los Muiscas a la cultura nacional colombiana, es quizás la más importante, Juegos como el Tejo, son predecesores del Turmequé, que fue inventado por los Muiscas y los españoles le agregaron el detalle de la polvora. Entre los Muiscas, se celebraban torneos de lucha, y el ganador era premiado por el cacique con una manta fina de algodón y se convertía en guerrero. En lo referente a obras públicas, los Muiscas no se destacan mucho. Al compararlos con las magníficas obras de ingeniería de la Cultura Tayrona, los Muiscas no superaron las construcciones de madera y techados de palma. Las empalizadas de sus ciudades eran prácticamente su único método de defensa, aunque sus guerreros probaron ser eficientes aniquilando a los Españoles. De todas maneras, los españoles vencieron. Aunque los Muiscas desarrollaron notablemente la ingeniería para la construcción de terrazas para impedir la erosión y regadíos. Esto nos demuestra la naturaleza pacífica de los Muiscas. Quizás la razón por la cual ellos conservan cierta fama, es por ser la nación de "Eldorado", ese país donde todos llevaban prendas de oro, y que cada cierto tiempo, en una laguna, el Rey se montaba en una balza, cubierto en aceites y polvos de oro. Sin que sus ojos dignaran verle, los súbditos iban tirando ofrendas de oro a la laguna, y el Rey se sumergía en ella mientras los bálsamos dorados se desprendían y teñían el agua de oro. Se cree qu estos eran los Muiscas, y que esa laguna es la de Guatavita, a unos 50 Kms. de Bogotá (Bacatá). El Sistema Político-administrativo de los Muiscas, es el más avanzado entre las Culturas asentadas en Colombia. Este es el de Confederación de Cacicazgos. Dentro de la nación Muisca, habían dos grandes Confederaciones, la del Zipa de Bacatá (Bogotá) y la del Zaque de Hunza (Tunja), siendo la de Bacatá siempre más grande y poderoza que la de Hunza. El funcionamiento de estas Confederaciones era sencillo. Cada poblado-estado miembro de la Confederación, le debía cierto respeto al Zipa o Zaque, dandole ciertos tributos y recursos de su zona; a cambio de protección y mercado para sus productos. Por su parte, el gobierno central, a cargo del Zipa o del Zaque se creaban las reglas de convivencia, que aunque no estaban escritas, se basaban mas bien en la costumbre. También era trabajo del Zipa o Zaque la administración de los guerreros o Güeches, que en casode los Muiscas, si estaban organizados en forma de Ejército, pues dependian directamente del Zipa o Zaque. Sus leyes, eran incluso más avanzadas que la nación européa más vanguardista de la época: Todos los bosques y lagunas eran públicos, la caza staba organizada y usualmente hombres de todos los estratos iban a ellos a pezcar y cazar libremente. En tiempos de guerra, todos los caciques se reunían donde el Zipa y tomaban las deciciones; esto también pasaba cuando había hambrunas o sequías, cuando se terminaba la reunión, los caciques comunicaban su decisión a los Tiuquines, fuertes mensajeros, que corrían por todo el Altiplano llevando el mensaje del Zipa o del Zaque. Los Muiscas, exactamente, estaban ubicados en el Altiplano Cundiboyacense, que es comprendido, desde el Norte de Boyacá, Hasta el Páramo de Sumapaz, y desde Las faldas de la Cord. Oriental, en la Cundinamarca Oriental, hasta el Río Magdalena, limitando con los Pijaos y Opitas, en el Tolima. La economía de los Muiscas, era quizás, la más sólida y poderosa de todas las Culturas Prehispánicas Colombianas. Eran los únicos productores de esmeraldas, monopolizaron la minería del cobre, el carbón tanto vegetal como mineral, y contaban con las fuentes saladas más grandes, las de Nemocón, Zipaquirá y Tausa. Las esmeraldas, la sal y el cobre, necesarios para fabricar joyas, eran canjadas con los Pijaos y los Opitas, que habitaban el sur, en cambio, estos les daban oro, que tenían en abundancia. Como habíamos dicho antes, los bosques eran públicos, al igual que las lagunas, los páramos y las riveras de los rios, haciendo la producción alimenticia acorde a las necesidades de cada habitante, y dependiendo de lo que el quisiera hacer. En Bacatá, Chocontá y Hunza, se establecieron los tres grandes mercados donde la gente se reunia a cambiar sus mercancías. Las fuentes saladas, estaban rodeadas de hornos, que podían ser usados por todos para evaporar el agua y obtener sal gema. En los mercados se cambiaban productos de primera necesidad, como el maíz, la sal, miel, frutas y granos, hasta los de lujo, entre los cuales se encontraban las plumas de pájaro, el oro, el cobre, algodón, coca y caracoles marinos importados desde la tierra de los Tayronas. El calendario de los muiscas, era bastante impreciso, pero ellos sabían perfectamente que el Solsticio de Verano, el sol duraba más tiempo, y ese 21 de Junio (Calendario Gregoriano), se iban todos a Suamox o Sugamuxi, donde estaba el Templo de Sué, el Sol a ver la procesión de los más importantes miembros de la corte del Zipa. Esa era una ocasión muy festiva y especial, donde todos, hombres, mujeres y niños se pintaban con indigo y achiote mientras cantaban y saltaban, embriagados con chicha, regalada por el Zipa. Al día siguiente, todos asistían a la ceremonia de entrega de ofrendas, pidiendo por un buen año y mejores cosechas. Posteriormente, salía el Zipa y los saludaba a todos; esta era la única vez en el año en que los ojos de los súbditos podían ver al Zipa. Al terminar esta ceremonia, el Zipa abría las puertas de su cercado y hacia que todos entraran para seguir celebrando. La celebración duraba cuatro días más. La casta sacerdotal era instruida desde la infancia, y al crecer, estos se volvían jeques, o sacerdotes, que dirigían las ceremonias religiosas y enterraban a los muertos. Sólo ellos entraban a los recintos interiores de los templos, y en sus mochilas cargaban coca que mascaban con cal, revuelta en sus poporos para celebrar sus ritos en trance. Cada familia, alguna vez, tuvo que ofrecer a uno de sus hijos en moxas, jóvenes que eran instruidos por los jeques hasta los 15 años, posteriormente los sacrificaban y le ofrecían su sangre al Sué, esto era considerado un gran honor, pero con el tiempo esa tradición fue siendo relegada por ofrendas de oro, hasta el punto que para 1300 esta tradición ya había desaparecido. Los jeques tambié sabían de las estrellas, practicaban encantamientos y curaban a la gente. Enseñaban a los campesinos acerca de los cambios de luna, diciendoles cuando era propio cultivar. La lengua de los Muiscas, era miembro de la familia lingüística chibcha, lo que les permitió mantener fluidas relaciones con los Pances, los Motilones, los Tayronas y los Opitas, miembros dialectales de ese grupo lingüístico. Los Muiscas, son la Cultura que más lejos llegó en evolución política y social de forma autóctona en Colombia, y por eso ellos deben ser admirados. Para 1537, el último año de paz antes de la legada de los Españoles, se estima que los Muiscas eran un poco más de 1 millón, organizados en 56 tribus, adscritas o al Zipa o al Zaque, que casi siempre convivían en paz, La llegada de la expedición española sembró intrigas y rompió la concordia, debilitadas ambas Confederaciones, los españoles ocuparon Bacatá y mataron al último zipa, Zaquezazipa, era el año 1538, Gonzalo Jiménez de Quezada sobre la antigua casa del Zipa refunda Bacatá como Santafé de Bogotá, ese fue el fin de los Muiscas
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